domingo, 6 de enero de 2019

Entre almas


El día de Navidad se vivía con especial emoción en el Centro de Asignación y Distribución de Almas del Paraíso. Muchas eran las almas que ansiaban volver a la vida el mismo día que había nacido su Señor, y pocas las que veían realizado su deseo, pues las almas aspirantes a la reencarnación eran muy numerosas y los recién nacidos cada vez menos, fueran de la especie que fueran.

Aquel día, dos eran las almas finalistas. Se denominaban K845 la una, M234 la otra. Invocadas ante San Pedro, gestor principal del Centro, y su subordinado San Juan, se echaban ojeadas valorativas con las que intentaban deducir sus posibilidades de hacer realidad su sueño.

—Bien. Como sabéis, un bebé está a punto de nacer y me gustaría conocer los motivos por los que queréis ocupar su cuerpo precisamente hoy, un día especialmente señalado —dijo San Pedro.

El alma K845 se removió, nerviosa.

—Yo… Es Navidad y para mí no hay regalo más bonito que un bebé para sus padres. Anhelo ver esa mirada de felicidad en sus ojos. —Carraspeó nerviosa al percibir la mirada burlona de su competidora.

M234, con expresión un tanto demasiado altanera para ser un alma aspirante, habló:

—¿Qué motivo puede ser más importante que aspirar a ser como Nuestro Señor? —dijo con convicción—. Aspiro a seguir sus pasos: comenzar naciendo este día y continuar ganándome la confianza de la gente con discursos certeros e inteligentes. Quizá, con la venia de Nuestro Señor, incluso hacer algún milagrito aquí y allá.

San Pedro y San Juan se miraron apenas un instante. Lo suficiente para que su incredulidad fuese patente para M234, que se enfurruñó pero se mantuvo en prudente silencio.

Después de unos minutos de deliberación, San Pedro se volvió de nuevo hacia ellos.

—La elegida es K845. Puedes pasar al túnel de asignaciones, allí te darán nuevas instrucciones.

El alma ganadora, henchida de felicidad, desapareció por donde le indicaban.

—¿Y por qué no yo? —gruñó M234—. ¡Mis motivos son mucho más nobles!

San Pedro y San Juan intercambiaron otra rápida mirada y luego atendieron a la pantalla, desde donde podían hacer seguimiento del proceso de asignación recién autorizado. El aviso de nuevo recién nacido disponible parpadeó en un lateral. San Juan le echó un vistazo rápido y continuó supervisando la adjudicación del alma K845, la cual descendió de los cielos sin incidentes y ocupó el cuerpo de una diminuta niña que abría sus ojos al mundo en aquel momento, entre los brazos de su madre. Su padre las abrazaba a las dos con los ojos brillantes de lágrimas de alegría.

—¿Una niña? —se burló M234—. Joder, eso se avisa. Menos mal que no me ha tocado. Valiente papel habría hecho intentando seguir los pasos de Nuestro Señor siendo una mujer.

San Pedro abrió mucho los ojos, atónito, y se dio la vuelta para mirar a M234, que sonreía con aire socarrón. San Juan se quedó boquiabierto.

—¡Pero qué forma de hablar es esa! Y además eres un alma obsoleta —exclamó San Pedro —. Se supone que las almas obsoletas debían hacer un curso de reciclaje.
M234 hizo un gesto de desdén.

—Lo hice. Vaya pérdida de tiempo. La realidad ahí abajo es la que es y las mujeres nunca llegarán a ganarse el respeto de los hombres. Y por muchos cursos que hagamos, eso no va a cambiar.

San Pedro enrojeció de ira.

—¡Hemos invertido mucho esfuerzo para cambiar esas ideas y no tolero…! ¡Si te oye Nuestra Señora…! —San Pedro, escandalizado, santiguándose.

San Juan intervino:

—Venga, Pedro, que es Navidad y no vale la pena enfadarse. En estas fechas hay que ser especialmente generosos y saber perdonar, ¿Por qué no le asignamos el varoncito que está a punto de nacer?

San Juan indicó la pantalla con un movimiento de cabeza y una expresión burlona. Su superior siguió su mirada y sonrió, beatífico.

—De acuerdo.

—¿Un varón? —exclamó M234, ilusionado—. ¡Eso es otra cosa!

—Pues hala, procede —San Pedro le indicó el camino con un amplio gesto.

M234 desapareció, satisfecho. San Juan miró a San Pedro con una sonrisa lobuna.

—No va a volver muy contento.

—No. Y tampoco aprenderá nada. Pero será una pequeña lección de la que disfrutaré personalmente. Por cierto, necesitamos más almas, la mantis ha puesto muchos más huevos.



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